Friday, April 23, 2010

animal sospechoso, núm. 5-7

«También el destierro, también la vida de inevitable extranjero que pertenece a quien escribe, no es otra cosa que una primera revelación –aún imputable a circunstancias o a la mala suerte– de algo que en cambio es de todos y de cualquier momento», dice Roberto Calasso en su reciente libro La folie Baudelaire, como iluminando el difícil camino de abrir estas líneas que quieren dar cuenta de la desaparición de dos de los autores que publican en nuestra edición de 2009. Se trata de los poetas José Watanabe y Pierre Peuchmaurd, que murieron durante el dilatado tiempo en que tardamos en llevar, del papel a la imprenta, el presente número de animal sospechoso; dedicamos a ellos nuestras páginas en señal de duelo y gratitud por su participación en nuestras páginas. Pese a los esfuerzos y al empeño de todos, tanto Watanabe como Peuchmaurd  nos dejaron antes de que pudieran ver cerrada esta entrega.


Asimismo, con estas líneas queremos expresar nuestro sentimiento a Jean-Yves Bériou y Martine Joulia –amigos cercanos de Pierre Peuchmaurd y también amigos cercanos de la redacción– por el apoyo y el interés con esta entrega, por su participación y disponibilidad en este número de la revista, para la que Jean-Yves redactó una sentida presentación (pp. 106-117).

La presente entrega del 2009 de animal sospechoso se gestó desde el primer momento en torno a la poesía de José Watanabe. Cuando comenzamos a trabajar en el dossier, hace ya casi dos años, pedimos a Víctor Vich que elaborase una selección de la obra del autor peruano, de quien escribió un ensayo iluminador y rotundamente actual: «El materialismo real de José Watanabe», pese a las posibles addendas que, al día de hoy Vich haya podido efectuar a su ensayo tras la muerte del poeta. No había ninguna restricción respecto a los poemas que queríamos publicar y la selección fue finalmente realizada en colaboración con el propio autor. De modo que nos complace pensar que los poemas que aquí ofrecemos son los que el poeta prefería. Entretanto, José Watanabe ha muerto y, aunque en esta ocasión la revista sale con casi dos años de retraso, queremos dedicárselo doblemente. No sólo por la finura, la ironía y la transparencia de su poesía, sino también porque muestra un camino expresivo que nos interesa especialmente: la de quien trabaja meticulosamente con el lenguaje hasta llevarlo a ese punto en el que, sin perder su materialidad, las palabras se transforman en lo que dicen. No queremos tampoco dejar de mencionar la reciente y oportuna aparición de su poesía completa en la editorial Pre-Textos. 

Con todo, buena parte del material del dossier, entre ellos una entrevista que no logró terminarse, quedan excluidos del mismo, no sólo por su fragmentarismo, sino porque nuestra tardanza ayudó a que esos materiales vieran la luz en diversas destinaciones ulteriores.

La primera de nuestras secciones habituales, «Un buque cargado de…», nos trae una nueva remesa de poetas provenientes de ambas orillas de la lengua. En primer lugar, ofrecemos la selección de textos que del poeta español Miguel Casado ha hecho para este número Nicanor Vélez, para quien su poesía que es «una mirada sobre las cosas» que hace que «la sensación se vuelva verso». Le acompañan los destellos culturalistas y las extrañas perspectivas de los poemas y del bestiario del poeta uruguayo Eduardo Laureiro. Publicamos a continuación dos poemas inéditos del peruano Eduardo Chirinos construidos mediante la rápida superposición de fragmentos, registros e imágenes. Acaba esta sección con los poemas delicados, llenos de luz y atentos al trabajo dela imagen del poeta Misael Ruiz Albarracín.

Por su parte, «Otras aguas», que ha crecido en esta entrega más de lo habitual, acoge por partida doble la palabra de otras latitudes. Presentamos allí, en primer lugar, la traducción que Miguel Casado ha hecho del poeta francés Pierre Peuchmaurd (Francia, 1948-2009), junto con la nota mencionada de Jean-Ives Bériou que sirve de epílogo a sus poemas. Hemos querido también, en segundo lugar, acercar hasta nuestra orilla cuatro poemas implacables del húngaro János Pilinszky, en traducción inédita al inglés del también poeta Clive Wilmer, que acompañamos de una versión literal en español del húngaro.

«Remolque final» nos ofrece un sorprendente artículo del poeta y filósofo indio Sri Auronbindo Ghose (Calcuta, 1872 - Pondichéry, 1950), sobre la esencia y la función de la poesía, traducido y presentado por Bel Atreides, en la que oriente y occidente logran tocarse por un instante ante el aliento que anima la voz que precede al poema. Acompaña también esta sección el estudio que Miguel Ángel Flores hace sobre la obra del poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, un nutrido ensayo que servirá, en México, como «Prólogo» al libro Carlos Drummond de Andrade, Rosa del pueblo, edición de Miguel Ángel Flores, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, (en prensa).

Nuestra última sección, «Lector de poesía», pretende revisar algunas obras publicadas desde el número anterior de animal sospechoso que nos han parecido de especial interés. En este caso se ocupa de de la poesía completa de José Barroeta (Candaya); de la versión española, a cargo de Jaime Priede, de El puente de Hart Crane (Trea); de Los artículos de la polémica y otros textos sobre poesía, un lúcidísimo ensayo crítico sobre la poesía española contemporánea de Miguel Casado (Biblioteca Nueva); de la primera traducción íntegra al español de la poesía completa de Eugenio Montale (Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg), en la reconocida y lograda traducción del poeta italo-mexicano Fabio Morabito; de la versión del clásico chino Chuang Tzu realizada por el heterodoxo escritor mallorquín Cristóbal Serra y, para terminar, de He amado, el último volumen que comprende los últimos once libros inéditos del poeta argentino José Viñals (La Poesía, señor Hidalgo).

Como en ocasiones anteriores, incluimos a lo largo de este número las inquietantes fotos de la serie La ciudad Gálvez del fotógrafo mexicano Óscar Guzmán y, en la portada, contamos con un dibujo del artista plástico italiano y  restaurador de cristaleras antiguas Gianni Lucchesi (Pisa, Italia, 1965).