Thursday, April 20, 2006

Animal Sospechoso n. 4





Un poema es el rastro de una intuición cristalizada en objeto verbal. Si es honesta, la intuición no puede construirse, sobreviene. Sólo podemos propiciarla creando las condiciones necesarias para que así suceda: desprendernos del deseo y de la voluntad. Eso mismo puede advertirse frente a los poemas de César Simón que hemos reunido en el dossier dedicado a su poesía, a cargo de Begoña Pozo (con artículos de Jaime Siles, José Luis Falcó y una semblanza escrita por su hija, Claudia Simón), con el que pretendemos contribuir a la incorporación del poeta valenciano a la tradición viva de la poesía hispánica. Sus poemas son diálogos interiorizados que surgen a partir de una experiencia concreta, minuciosamente descrita en sus aspectos físicos, pero que, a diferencia de lo que sucede con otros poetas contemporáneos suyos, tienden a la suspensión del juicio. Ya desde su primer libro, Simón incorpora con naturalidad el lenguaje común al poema sin que éste se vuelva prosa versificada; en su última época, a medida que su poesía se vuelve más sintética, aflora el esqueleto de ideas sensibles –sentidas y vividas como una experiencia más– en el que desemboca epigramáticamente la larga meditación sobre la totalidad de su vida.

Entre los poetas invitados a la primera sección de la revista, «Un buque cargado de...», nos alegra contar con la israelí Margalit Matitiahu. Pensamos que su presencia encaja dentro de nuestra enconada defensa de la contaminación lingüística, recordándonos al pariente casi desaparecido de la lengua española: el sefardí o ladino. Los poemas de Margalit muestran cómo esta otra hebra de la tradición no se ha truncado del todo y cómo puede hablarnos aún de la poesía de nuestra lengua. Desde España, Olvido García nos cede, para esta ocasión, varios poemas inéditos de quebrada intensidad, que forman parte de Y todos estábamos vivos, libro de próxima aparición en Tusquets Editores. Por su parte, desde México, Jeanette Clariond nos introduce, con afilada delicadeza, en una extraña elegía a la vida. Cierra este apartado de «ultramarinos» la oscura y tensa plegaria del colombiano Juan Pablo Roa.

En esta cuarta entrega animal sospechoso inicia una nueva sección, «Otras aguas», dedicada a la traducción de poetas desconocidos, o poco conocidos, en español. Estamos convencidos de que la poesía no bebe de una sola lengua y que la endogamia y la falta de inseminación lingüística procedente de otras tradiciones la empobrece progresivamente. Uno de los motivos por los que hemos elegido la obra de R. S. Thomas, poeta galés en lengua inglesa, para dar inicio a este apartado es la distancia que separa su obra de la tradición contemporánea en nuestra lengua. Esperamos que esta breve selección de sus poemas, ásperos y sin concesiones, a cargo de Misael Ruiz, despierte la curiosidad de algún lector.

Los apuntes de Roberta Raffetto en «Remolque final» acerca de la influencia de Fernando Pessoa en Álvaro Mutis, o mejor, de las «Reminiscencias de Álvaro de Campos en Maqroll El Gaviero» nos lleva al terreno de una valiente intuición que apuesta por descubrir cómo la poesía del portugués ha podido hacerse antecedente de un personaje de ficción de nuestro tiempo.

Dentro de los libros reseñados en «Lector de poesía», quisiéramos destacar el volumen Poesía hispánica contemporánea (Andrés Sánchez Robayna/Jordi Doce). Además de esta publicación, comentamos también otros libros de reciente aparición: el estudio sobre las influencias de la lírica inglesa en el siglo xx español de Jordi Doce (iv Premio de Ensayo Casa de América); una extensa antología de René Char, en edición bilingüe, presentada y anotada por Jorge Riechmann, quien lleva años traduciendo su obra, y un voluminoso título que reúne la poesía de Luz Pozo Garza, la poeta gallega viva de mayor trascendencia en la actualidad. Cerramos los repasos de este número de animal sospechoso con una sugestiva autobiografía de Joseph Brodsky.

En esta ocasión acompañarán nuestra lectura las imágenes austeras y sutilmente irónicas del fotógrafo español, ya fallecido, Paco Gómez (Pamplona, 1918 - Madrid, 1998), integrante de la Escuela de Madrid (La Palangana) de los años cincuenta. En sus fotografías los objetos pierden su naturaleza convencional para transformarse, imperceptiblemente, en lo que su ojo ha ido haciendo de ellos. El último agradecimiento de estas páginas va dirigido al pintor mallorquín Pere Alemany por habernos cedido el dibujo que ilustra la portada de esta entrega.




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